Me gusta

Me gusta recordar cuando te veía. Me gusta recordar cuando me proponías un café y nos veíamos en el centro, me arrastrabas a un sitio nuevo, y siempre encontrábamos un hueco libre, para nosotros, como si lo hubieras reservado. Tu té con limón, mi café con leche. Y veía tu cara y me hablabas con los ojos. Y me hablabas de esa manera que nadie, nunca, me había hablado. Y discutíamos, y el tiempo se estiraba y nos atrapaba en sus entrañas, y nos obligaba a comer algo y nos pasábamos a la cerveza. Le ponías palabras a mis dramas. Y yo fui tu apoyo, aquella época, que intentábamos olvidar, y a olvidar se empieza con un cubata, decidimos. Y nos dejábamos llevar, y desafiando a la resaca, aceptábamos el peaje, aunque el pago siempre fuera un día de mierda en la oficina. Siempre te creí, y siempre me fui a la cama con la promesa de un mundo mejor. Me gusta recordar, qué fue lo que compartimos. Y me gusta recordar cómo lo compartimos. Me gusta mucho más de lo que ahora puedes darte cuenta. Me gusta recordar, porque ahora, ya no es lo mismo.

Ahora, desde hace un tiempo, estar contigo, ya no me gusta. No me gusta.

No me gusta cuando nos vemos, al mediodía, y comemos de menú en sitios nuevos, con esos platos tan raros que nos sirven con prisas de ejecutivo. No me gusta tu gesto, el primero, antes de sentarte. No me gusta que lleves tu mano al bolsillo y cojas el teléfono, que lo desbloquees, y revises, si ha ocurido algo en los últimos cinco minutos. Y te rías, con el último comentario, que rechaces una solicitud de amistad, que aceptes participar en el próximo evento, que te detengas un momento a pensar, y te lleves el dedo a los labios, y cierres los ojos, y arrugues la nariz, y hagas ese gesto que haces en medio de un esfuerzo, para resumirlo todo en ciento cuarenta caracteres que no puedes compartir, conmigo, en ese momento, en el que me tienes delante, sentado, esperando a que regreses. No me gusta, esa primera, de muchas ausencias. Como agujeros negros que se abren en el tiempo presente, y que te absorven, y que me dejan fuera, me olvidan, a mi, en ese momento, que estoy contigo, ahí, sentado, con cara de tonto. No me gusta que me saques una foto, con esta cara de tonto. No me gusta, porque yo y mi cara de tonto estamos aquí, frente a ti, esperando a que regreses. Echándote de menos. Acordándome de ti.

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